martes, 10 de abril de 2007

JUZGUEN UDS

En el mes de Enero conoci un correo-electronico en cadena que se titulaba de la siguiente manera: 10 razones para no ser historiador (ni estudiar Historia), este mensaje lo reenvie en ese mismo mes ,me causo cierta curiosidad ante la falta de una argumentacion que acompañara cada razon. Posteriormente llegue a conocer un blog de un polemico historiador español quien resulto siendo el autor de estas justificaciones y otra serie de reflexiones que apuntan muy seguramente al panorama de incertidumbre que nos toca a los historiadores al momento de enfrentar nuestra responsabilidad personal, profesional y social en la busqueda de un trabajo digno y meritorio a nuestra formacion.

De esta forma dejo a juicio de uds este material con las respectivas argumentaciones (hasta el momento ha publicado en la internet 4 argumentos) de este Historiador; reconociendo cierta concordancia con muchos de los argumentos expuestos por este señor, quien en su blog afirma: "lo que me motiva más a escribir estas líneas es nuestra catastrófica situación laboral y la escasa actividad innovadora de los historiadores, y no tanto la satisfacción por de haber cursado estos estudios o de haber investigado" .

att: Estudiante X de Historia.

10 razones para no ser historiador (ni estudiar Historia)



Enviado el jueves, 21 de septiembre de 2006 7:16

Son absolutamente personales, basadas en mi propia experiencia, aunque por lo que le han pasado a otros compañeros de profesión creo que se corresponden bastante con la realidad. Pretendo dar algunos motivos para la reflexión, o conseguir que algún joven que se está planteando estudiar en la Facultad de Historia se lo piense muy bien antes de tomar una decisión que podría hipotecar su vida.

1. Porque la Historia es adictiva.

La historia es una ciencia apasionante. Es el laboratorio donde se analiza la experiencia pasada de los hombres. Comprendemos de donde venimos, nos entendemos mejor a nosotros mismos reflejados en aquellos que nos antecedieron, y nos dan pistas sobre por donde irá el futuro. Es una inmensa fuente de conocimiento. Y además divertida porque satisface un vicio humano: la curiosidad.

¿Cómo no sentirse atraído por ella? A millones de personas les pasa. Muchos grandes historiadores eran de formación médicos, militares o abogados, o gente con menos estudios. Mucha gente se siente hoy fascinada por la novela histórica. Los políticos manejan la historia para argumentar sus propuestas…

A muchos nos ha pasado: cuando más comprendemos el pasado mejor comprendemos nuestro mundo. Estamos enganchados, y deseamos saber más. Estamos tan atrapados por la historia que hasta algunos de nosotros decidimos dedicar nuestra vida a ella … condenándonos sin remedio.

2. Porque esta ciencia está dirigida por una jerarquía elitista, egoista y prepotente.

El mundo de la historia científica tiene su sistema, su “establishment”. Son pocos, poderosos, y conscientes del cerrado mercado en el que se mueven. No tienen que rendir cuentas a nadie, ni a inspectores de trabajo, ni a ministerios, ni a la sociedad. Si un departamento universitario condena al desempleo al 90% de cada promoción anual no es un escándalo que salta a la prensa. Si un director de un centro no desarrolla proyectos con empresas para dar salida profesional a la investigación pura nadie le releva de su cargo.

Por eso, impunemente, pueden explotar para su beneficio a estudiantes, becarios, recién titulados y profesores con contratos precarios. La vaga promesa de que un día les favorecerán en un eventual proceso de selección basta para tener a un ejército de trabajadores tirando del carro de la historia profesional.

3. Porque la comunidad de historiadores es aristocrática y endogámica.

Curiosamente”, una gran parte de los historiadores e investigadores que he conocido en la élite (ya sea dirigiendo el sistema o en las puertas de entrar en él) pertenecían a clases sociales altas, poderosas, y sin problemas económicos. Cuando rascabas en el pasado de muchos profesores titulares, catedráticos, y políticos científicos descubrías, oh casualidad, que habían disfrutado de una educación privilegiada en caros colegios privados, y que por medio de su familia podían acceder a una rica red de contactos que, a su vez, podían colocarlos por la vía rápida en puestos importantes. Con estos trampolines puede explicarse como una persona como ellos podía hablar dos idiomas con 22 años, mientras que el que esto escribe, y con la misma edad, sólo dominó el inglés cuando consiguió una beca para estudiar en Gran Bretaña. Y ese mismo trampolín explica como yo no podía abrir nuevas líneas de investigación en mi departamento mientras otros ascendían como cohetes a “su puesto” de profesor titular por saber (y poder) moverse en los vericuetos de la política universitaria.

Resultado. Pues que me hice doctor en un lugar donde “tal” persona era hijo de un importantísimo escritor, que además tenían amplios contactos con un importantísimo partido político, y que además era amigo personal de un ex-presidente de una comunidad autónoma. Por allí cerca pululaban hasta tres matrimonios en que marido y mujer eran, oh casualidad, catedrático y profesor titular. Por acullá campaba un docente que era hijo de otro insigne profesor universitario y que seguía viviendo de aquellas rentas. Y otro pez gordo con el que traté despreciaba a sus alumnos porque con 20 años no sabían alemán, mientras que él había aprendido alemán y latín y más gracias a la carísima educación que sí le había podido pagar papá.

La élite que dirige la universidad y la investigación en España está compuesta, en gran medida, por personas como estas. Gracias a su espléndida educación y contactos privilegiados tejen su propia red, y dentro de ella monopolizan las políticas y los escasos puestos de trabajo que generan. Y en vez de poner su inmensa autoridad y formación al servicio de nuestras ciencias la usan para consolidarse en el poder, manipulando a los demás para tener ellos las manos libres y poder hacer lo que quieran. Los demás quedamos fuera.

Por eso en la comunidad de los historiadores, y seguramente la de otros campos científicos, hay endogamia. O priman las relaciones paterno-filiales, o las de pareja, o las de vasallaje, porque si has nacido fuera de la élite (el 95% de todos nosotros) una de las muy pocas maneras de incorporarte a ella es ser un fiel vasallo para servir a tu señor. Este, agradecido, puede que te enchufe en la administración, y si finalmente lo hace tú, agradecido, le servirás sin rechistar. Y así llegarás a tener un cargo, y podrás dedicarte a investigar lo que te gusta sin preocuparse ya de los demás. Y, ¿quién sabe?, quizás con el tiempo incluso conseguirás abrir una nueva casa nobiliaria en el mundo de la investigación, la tuya propia, para que tus hijos lleguen ya por derecho de sangre al puesto por el que muchos venden la dignidad.


4. Porque hay una competitividad enfermiza por las cuotas de poder y los escasos trabajos que ofrece el sistema.


O cuarta razón para no ser historiador (ni estudiar historia): Porque hay una competitividad enfermiza por las cuotas de poder y los escasos trabajos que ofrece el sistema.

Razón derivada de las razones 2 y 3. Si el mercado de trabajo privado es, a priori, reducidísimo (con excepción del educativo), y si el mercado de trabajo de la investigación es pequeño y controlado por una aristocracia que no rinde cuentas ni políticas ni económicas, el resultado es que los empleos en la investigación surgen con cuentagotas.

Ahí entran dos factores. Por un lado el factor tiempo, ya que si entre oferta laboral y oferta laboral pasan años nos encontramos con un atasco de candidatos. Y ese es el segundo factor, porque, ¿cómo distinguir al “mejor” candidato, al “namber güán” del “namber chu”? Verbigracia: si sale un puesto de investigador o de profesor en un departamento en el que no salía nada desde hacía 2 años podemos tener, internamente, una lista de candidatos que van desde el hijo del catedrático, al profesor asociado que cobra una miseria, al investigador que trabaja en otro sitio pero que colabora, al doctorando brillante, al becario recién incorporado… y seguramente todos con un currículum bastante respetable o hasta brillante. Añádase que la oferta de trabajo tenga publicidad y vengan candidatos de otras regiones, y hasta extranjeros, como pasa en Estados Unidos.

Una para todos, y todos para una. Y todos ansiosos, después de hacer méritos y esperar durante años.

A la hora de elegir al candidato primarán, por supuesto, los criterios de pertenencia a una élite, los de vasallaje al poderoso que controla el centro que convoca la plaza, y favores y deudas pasados. Pero eso queda al nivel de los que toman las decisiones. ¿Qué sucede al nivel de las hormiguitas, es decir, del suyo y del mío? Pues una competitividad enfermiza.

Muchísimas personas que hayan estado varios años en un departamento universitario habrán pasado la misma experiencia que yo. No se sabe por qué razón pero de repente te haces enemigos. Antiguos compañeros de estudios de repente te niegan la palabra, o te tratan con lejanía, con cuidado, cuando tú no has cambiado de manera de ser. Lógico: eres su competencia. Y al enemigo, ni agua.

Si un día hiciésemos un blog de surrealismo en la investigación (o una novela, porque hay material), el tema del cambio de personalidad daría para mucho. Yo llegué a tener una compañera (muy mediocre, además) que fue empezar el doctorado (sin beca) y, de repente, cambiar de vestuario para vestirse de “historiadora”. Había que distinguirse de la masa, porque si quería ser élite, como la mujer del César, había que parecerlo. Esto puede parecer gracioso, pero ¡oh sorpresa!, pasados los años esta personaje fue fiel vasalla de un jerifalte departamental que medio amañó una oposición en la que él era tribunal para darle el puestecito de funcionaria que deseaba. Hoy da clases de “cultura escrita”, y se casó con otro compañero de su departamento que también de repente dejó de dirigirme la palabra, y al que el mismo jerifalte medio enchufó de funcionario en la misma oposición. Endogamia de libro.

Tengo más batallitas. Cuando era becario de investigación el ambiente de trabajo cuando nos juntábamos 3 ó 4 en el seminario era tenso: cada uno a lo suyo, midiendo las palabras al máximo, desde el becario predoc, al postdoc, al profesor asociado, al contratado a tiempo parcial. Como los boxeadores que miden la distancia y el terreno. Cada uno a lo suyo, guardándose sus ases en la manga, defendiendo su territorio, no sea que diera pistas a la competencia. El summun era la comida de navidad del departamento, cuya asistencia era obligatoria porque si no se “enfadaba” el gran catedrático. Allí todos que si paz y amor, y en el fondo todos tensos porque no nos tragábamos entre nosotros, había que seguir guardando bien las cartas, y encima estaba el gran jefe supremo presidiendo y de él podía depender tu futura colocación.

En ese ambiente “Radio Macuto” es la principal fuente de información. Vienen rumores no se sabe de donde, y cuando llega a tus oídos lo que se dice de ti te quedas anonadado. Generalmente se te difama, se te acusa de tonterías, y todo para que tu nombre quede manchado y no entres en una posible lista de candidatos para una eventual plaza. Vale todo con tal de eliminarte de la competencia. De mi dijeron, por ejemplo, que era muy malo porque no fui, con el resto de la pandilla del departamento, al entierro del padre de un compañero becario con el que apenas tenía relación. Pero claro, o estás en el rebaño o eres la oveja negra.

De locos.

Resultado: grupos enfrentados e individualismo. En un entorno en el que se supone que se juntan muchos cerebros brillantes en vez de colaborar competimos hasta la muerte. Y, juntos, en el camino, nos destruimos.

Y así le va a nuestra disciplina. Mientras en las ciencias priman los equipos de trabajo en las humanidades, y no digamos la historia, prima el trabajo individual. Los proyectos colectivos, por esa falta de confianza, son inexistentes en España: no hay grupos de trabajo de historiadores, ni asociacionismo, ni empresas, ni grupos de presión, ni colegios profesionales que nos organicen. Los congresos son largas colas de ponentes que dicen uno a uno “lo que he hecho yo”. Son frecuentes los comentarios mi investigación, mis fuentes … mi plaza. Ni para luchar por nuestros derechos nos juntamos (una honrosa excepción son los "precarios", en el que apenas hay historiadores). En resumen, no hacemos nada memorable, solo colaboramos para la mediocridad.

Nuestra patético sentido de la competencia se hace todavía más miserable cuando comparamos la situación de las ciencias históricas con lo más dinámico e innovador de la ciencia y de la técnica que hay en la actualidad: la Red.

Esta era emergente se caracteriza por la innovación colaborativa de mucha gente que trabaja en comunidades privilegiadas, al igual que la innovación en la era industrial se caracterizaba por el genio individual

Irving Wladawsky-Berger, Vicepresidente de estrategia tecnológica e innovación de IBM. Citado en Th. Friedman, The World is Flat. A Brief History of the 21st Century, 2005, p. 93.

“¿Qué es una persona creatiligente? En primer lugar, las personas creativas e inteligentes deberán querer serlo, es decir, tener ganas y voluntad de apasionarse por las cosas interesantes que les rodean y colaborar en sus procesos de cambio e innovación. (…) También necesitarán una buena dosis de autoconocimiento que posibilite superar sus puntos más débiles y que permita robustecer redes de contacto emocional y social a su alrededor. (…) Tendrán que ser conscientes, más que nunca, de la importancia de la interdisciplinariedad. Ser ingeniero, economista o psicólogo está muy bien, pero los auténticos cracks se moverán en un terreno pantanoso: tecnología, humanidades, ciencia, arte, tendencias, viajes, hábitos, lecturas, Internet (…) La creatiligencia será propia de personas que sepan escuchar a los demás: stakeholders, clientes, proveedores, amigos, enemigos… Además, será extraordinariamente importante que sepan establecer redes de cooperación, más allá de la aburrida y muchas veces inútil competitividad exacerbada que ha caracterizado el pasado siglo.”

Franc Poti, profesor de EADA (Escuela internacional de Alta Dirección y Administración de empresas de Barcelona). Cita de “¿Creatiligencia? Explorando las complejas relaciones entre creatividad e inteligencia”, If. Revista de innovación 48 (diciembre 2006) , pp.30-33 (cita p. 33).

El futuro será de coordinación de individuos creativos.”

Alfons Cornellá, “La aceleración como estado mental colectivo”, If. Revista de innovación 49 (enero 2007) , pp.17-23 (cita p. 23).

Mientras la Red, Internet, bulle de brillantes proyectos colaborativos (Wikipedia, Linux, software libre, Del.ici.ous) donde la gente, unida, crea riqueza y difunde cultura, libertad y democracia, nosotros, como bien dice Franc Ponti, seguimos viviendo en el siglo pasado.

5. Porque si no estás en la élite te espera la precariedad laboral.

6. Porque por su escaso prestigio profesional los historiadores somos despreciados socialmente.

7. Porque si quieres ser historiador estarás casi obligado a exiliarte de tu país.

8. Porque es una profesión que se está quedando descolgada del mundo de hoy.

9. Porque a pesar de lo negro que está el panorama los historiadores no nos movilizamos ni por nuestra dignidad, ni por nuestros derechos laborales, ni por ocupar un lugar digno en la sociedad.

10. Porque no hay esperanza. La gente que tiene el poder de cambiar las cosas ni lo ha hecho ni lo hará porque ya vive muy bien.

En los próximos artículos desarrollaré estas razones una a una.

PREOCUPACION DE UNA UNIVERSIDAD EN MEXICO POR LA SUERTE DE SUS EGRESADOS EN HISTORIA

Es tan real y problematico la suerte e incertidumbre laboral de los historiadores que una universidad de Mexico propuso un estudio con el fin de conocer cuales eran las ocupaciones y cargos de sus egresados en el programa de Historia. Acontinuacion presentamos la informacion presentada en un sitio web al repecto:

DEPARTAMENTO DE HISTORIA UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA
PROYECTO LABORAL

En medio de la compleja realidad económica y social de nuestro país, el Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana tiene la preocupación de conocer a profundidad la situación profesional de los egresados de Historia, con el objetivo de tener la capacidad de elaborar un diagnóstico al respecto que le permita generar estrategias que, por un lado, muestren las potencialidades del trabajo del historiador y, por el otro, posibiliten el contacto con los empleadores y el posicionamiento de los ex-alumnos en el mercado laboral.

Con esta intención actualmente se desarrolla un proyecto en el portal de Internet del Departamento que consta de tres fases:

  • Contacto con alumnos – consiste en la aplicación de encuestas para conocer la percepción que los alumnos de la Licenciatura en Historia tienen del campo laboral del historiador.
  • Contacto con ex-alumnos – se trata de la aplicación de las mismas encuestas con el objetivo de conocer la percepción de quienes ya ejercen la Historia como una profesión. Los resultados que mostraremos serán los relacionados con las áreas laborales en las que efectivamente se desempeñan actualmente los ex-alumnos.
  • Contacto con empleadores – se refiere a la generación de redes de contacto con todas aquellas instituciones que podrían dar empleo a los alumnos y egresados.

INFORMACIÓN DIAGNÓSTICA

ALUMNOS

Encuestamos a 47 estudiantes de la Licenciatura en Historia, de un total de 58 alumnos inscritos.

A continuación presentamos las gráficas resultantes:

























































































































































































































































A partir de los resultados obtenidos pudimos observar lo siguiente:

  • • No hay claridad en los alumnos respecto a la distinción entre área de interés y tema específico de interés dentro de la Historia.
    • A
    la gran mayoría de los alumnos les gustaría realizar estudios de posgrado.
    • Gran parte de ellos desea obtener el grado de doctor, si bien menos de la mitad piensa hacer un posgrado en Historia. El resto de la población está contemplando disciplinas afines.
    • Algunos aún no saben en qué universidad continuarán sus estudios. Entre los que sí saben, hay un buen número que piensa irse al extranjero.
    • La mayoría de los alumnos no trabaja actualmente.
    • Casi la mitad de los alumnos quisiera trabajar antes de terminar la licenciatura, mientras que los demás desean hacerlo ya graduados.
    • Casi a todos les gustaría trabajar dentro del campo de la Historia.
    • Los
    intereses de los alumnos se reparten de forma bastante uniforme entre estas tres áreas: investigación, divulgación y docencia.
    • A buena parte le gustaría trabajar en instituciones educativas, mientras que los demás se reparten entre instituciones relacionadas con la investigación básica, divulgación de la cultura y espacios de gobierno.
    • Poco menos de la mitad de los alumnos considera que encontrar trabajo en el área de la Historia es difícil.
    • La mayoría considera que las probabilidades para encontrar un trabajo bien remunerado son medias, sin embargo, no hay mucha claridad respecto a si el trabajo del Historiador está bien o mal pagado.
    • A todos los alumnos les parece buena idea la creación de una bolsa de trabajo del Departamento y a la gran mayoría le gustaría estar dentro de la misma.

EX-ALUMNOS

Encuestamos a 68 ex-alumnos de la Licenciatura en Historia, de un total de 118 que ingresaron a la Universidad entre los años 1985 y 2000.

A continuación presentamos el resultado obtenido:

















Los ex–alumnos encuestados pertenecen a las siguientes generaciones:

Año de ingreso

Número de ex-alumnos encuestados

1985

2

1986

5

1987

2

1988

9

1989

3

1990

1

1991

6

1992

5

1993

6

1994

7

1995

5

1996

5

1997

2

1998

2

1999

7

2000

1

REDES DE EMPLEO

EMPLEADORES

Si deseas ser parte de nuestra red de solicitantes de empleo -empleadores, ponte en contacto con nosotros a través de los correos raquel.druker@uia.mx (Coordinadora de licenciatura) y leonor.correa@uia.mx (Coordinadora de posgrado).

La información que deberás enviarnos es:

Las ofertas de trabajo que en este momento tenemos disponibles son:

Tomado de : http://www.historia.uia.mx/uia/templates/informacion/proyecto_lab.htm

La Universidad española produce "demasiados parados"


Y de Historia no digamos. El título de este post es la rotunda afirmación que Alejandro Ulzurrun, experto en temas educativos de la Comisión Europea, hizo durante el seminario sobre el Espacio Europeo de Educación Superior organizado por la CE la semana pasada. La noticia, enviada por el notiweb de hoy, tiene varias afirmaciones a cual más interesante.

La primera es el reconocimiento, como ya se ha dicho, de que la universidad es una "fábrica de parados". Lo más grave es que lo es desde hace ya 2 décadas (al menos en el ámbito de las humanidades) y a nadie le ha importado un bledo solucionar esta realidad. Ya sé que somos una rama del conocimiento con poca influencia en el mundo de hoy (apenas somos unos estudios "bonitos"), pero que se acepte como algo "natural" que 5 años de estudios de Historia (mínimo, algunos hicimos 15) te lleven al desempleo me parece un síntoma de que nuestra sociedad está enferma.

Después Ulzurrun afirma que es necesario vincular más a la Universidad con la empresa, y que, además, que la Universidad tiene la responsabilidad de integrar a los estudiantes en el mercado de trabajo. El director general de Universidades, Javier Vidal, apostilló a Ulzurrun afirmando que a las universidades les iba a costar mucho tragar ("les va a suponer un cambio enorme", dijo más suavemente) porque "tendrán que perder parte de su autonomía, ya que no están acostumbradas a que les digan cómo enseñar».

Este es un tema capital: las universidades son administraciones del estado que no rinden cuentas ni a los gobiernos ni a la sociedad. Son como Franco, que solo admitía los juicios de Dios y de la Historia. Hace mucho que pasaron los tiempos en que su función educativa bastaba para justificar su existencia porque hoy, desgraciadamente, los estudios universitarios son una "commodity" (o como dice el castizo, "das una patada al suelo y te salen diez licenciados"). Si las universidades quieren tener un papel influyente en el mundo de hoy hay que dar "valor añadido" como dicen los especialistas en márketing, y eso significa transmitir conocimientos y habilidades reales que permitan la participación de los estudiantes en la economía actual. Desgraciadamente, como sugiere D. Javier Vidal, ¿como hacer que cambien su manera de funcionar unas instituciones que no están acostumbradas a que nadie las tosa, a las que nadie les pide responsabilidades por su negligencia, y a la que no se las castiga por lanzar cada año al mar del desempleo a miles y miles de jóvenes?

Por : Miguel Ángel López Trujillo. http://weblogs.madrimasd.org/historia/



INTERESANTE REFLEXION SOBRE EL TRABAJO Y LA PROFESION DE HISTORIADOR

DIALOGOS PARA ENTENDER ESTO


Pongamos las cartas encima de la mesa. Vamos a analizar para qué sirve hoy en día la Historia y como son tratadas las personas que trabajan en esta ciencia. Y lo haré con frialdad y sinceridad por medio de un diálogo con un interlocutor ficticio que podría ser cualquiera de vosotros.


¿Para qué sirve la Historia?

Para saber lo que pasó antes de nosotros, y tenerlo de referencia para nuestras acciones futuras.


¿Saber Historia, es una necesidad vital?

No.

¿Entonces, por qué perder el tiempo con ella?

Por dos razones:

- Porque nos evita reinventar la rueda y repetir errores que otros cometieron.

- Porque permite aprovecharnos de experiencias anteriores para crear nuestro propio conocimiento. Si no transmitiéramos el conocimiento generado por una vida la humanidad jamás habría progresado.

¡Qué bonito! Pero esto parece filosofía, o un método de trabajo aplicable a otras muchas disciplinas. ¿Por qué, aún así, estudiar y hacer Historia como actividad profesional, es decir, con dedicación exclusiva?

Porque sacar conocimiento del pasado es un trabajo largo y duro que emplea técnicas muy depuradas. Y además el pasado es interpretable, es decir, sacaremos conocimientos diferentes en función de las necesidades de las épocas en que vivimos. Es, en resumen, una fuente inagotable de conocimientos, de ahí que a las sociedades más avanzadas les parezca necesario que haya un grupo de profesionales que se dediquen a trabajarse esos conocimientos complejos para transmitirlos a la sociedad.

¿Para qué sirven, entonces, los historiadores?

Son los profesionales que tienen los conocimientos y dominan las técnicas para convertir los hechos del pasado en conocimiento organizado.

¿Pero eso da para vivir?

Depende del valor que le dé la sociedad al conocimiento que generan.

Hoy en día se considera que tener unos conocimientos básicos del pasado es imprescindible para la educación de una persona, de ahí que la Historia esté presente en los planes de estudio del mundo desarrollado, y que la educación sea una de las salidas profesionales básicas del historiador.

Más allá de la educación obligatoria, el conocimiento del pasado es optativo en la sociedad. Hay entornos en que los datos que ofrece la Historia son muy valorados. Uno de ellos es el entretenimiento, ya que el ser humano tiene un acusado sentido de la curiosidad y los cambios producidos a lo largo del tiempo son sorprendentes. Otro de ellos es el reconocimiento social, ya que saber del pasado es obligatorio en el mundo de hoy para ponerle a una persona la etiqueta de “culto”, y eso crea un mercado de “comunicación de conocimientos históricos” (libros, revistas, documentales, webs, visitas turísticas) a públicos amplios. Otro entorno es la política, ya que el pasado de nuestra comunidad humana o de nuestras ideas nos mueve a entregar el poder a un partido político u otro.

Hay otros entornos donde, en cambio, los conocimientos históricos no son valorados: entornos sociales consumistas, numerosos entornos empresariales, etc. Eso no quiere decir que se desprecie a la Historia, sino que las técnicas y conocimientos que domina el historiador no tienen uso práctico en esos mundos, o lo tienen muy limitado y por eso no se valora.

Entonces, ¿ser historiador significa que no tienes muchos lugares donde trabajar?

Depende.

Para empezar, el ser “culto” no le sobra a nadie, y es apreciado informalmente. Los problemas surgen de la imagen social de la Historia profesional, cuya actividad parece limitada a la enseñanza, el entretenimiento o la investigación.

La mejor manera de contrarrestarla es vendiendo las habilidades y técnicas del historiador, que sí son transmitibles a otros trabajos: capacidad de documentación, comunicación, investigación, análisis, organización, idiomas, etc. Estas habilidades y técnicas pueden ser perfectamente complementadas con las de otras profesiones (manejo de herramientas informáticas, gestión y creación de empresas, etc…), lo que nos produciría un profesional muy completo, pero a costa de abandonar el mundo de la Historia como investigación o educación y de aprender una segunda profesión.


No me interesa. Yo quiero ser historiador puro y duro.

Perfecto. Si descartamos el mundo de la educación, que tiene además un fuerte componente vocacional y exige también el dominio de la pedagogía, nos queda el mundo de la investigación. A día de hoy esta investigación esta financiada en su inmensa mayoría por el dinero público, que por su propia naturaleza es siempre limitado. La investigación pública desde hace dos siglos ha creado una infraestructura de profesionales que hace un doble trabajo: alta educación e investigación profesional.

Estos profesionales, por la naturaleza de su trabajo, tienen una vida profesional larga y una dedicación exclusiva. Las consecuencias positivas son unos resultados de investigación de calidad. Las consecuencias negativas son la creación de unos entornos de trabajo monolíticos, ya que las personas siguen en su puesto de trabajo durante décadas, con el riesgo de que se apropien del espacio público para su uso exclusivo personal. Además, la falta de fondos, los puestos de trabajo monolíticos, y la difícil aplicación práctica de los conocimientos generados por esos historiadores hacen que la sociedad demande un número escaso de historiadores para satisfacer sus necesidades.

Por consiguiente, si uno quiere ser historiador-investigador tiene que ser consciente de que el mercado de trabajo es muy reducido, y que el corporativismo dentro del escaso número de profesionales que lo practican es muy grande. Con lo cual las dificultades para formar parte de ese mundo profesional son enormes.

Entonces, si es tan difícil trabajar de esto: ¿por qué hay tanta persona que estudia historia en la universidad?

Hay gente, con una cierta edad y con una vida profesional resuelta, que quieren enriquecerse culturalmente y ven en los conocimientos históricos un excelente camino para autorrealizarse.

Otra cosa es la gente joven que, ante la presión social por tener una carrera universitaria, deciden embarcarse en 4-5 años de estudio exclusivo de la historia. A esas edades se toman decisiones por impulsos, gustos e idealismos, y tampoco hay mucha información disponible. Si se dijese claramente que estudiar historia implica el estudio de una segunda profesión para salir adelante, muchos estudiantes se plantearían estudiar directamente la profesión “alimenticia” y luego ya se “enriquecerían” con la Historia. Y si fuesen públicos los datos de integración laboral, por ejemplo en el sector de la investigación, se podría contrarrestar el idealismo juvenil del “sé que es muy difícil, pero aún así yo seré de esos pocos que triunfarán”.

A esto se añaden unas condicionantes sociales que afectan a más disciplinas. Una, ya mencionada, es la presión social por tener un título universitario, a pesar de que estas titulaciones en el mundo de hoy son una “commodity”, es decir, algo que no te distingue positivamente por tenerlo pero sí negativamente por no tenerlo. Otro, un sistema educativo anticuado que enseña durante años habilidades obsoletas que no son valoradas en el mercado de trabajo. Otro más, un mercado de trabajo que exige (y obtiene) profesionales eficaces al menor precio posible porque le interesa más el volumen de ingresos (que benefician a los dueños de las empresas) que la calidad de lo que sé produce (que beneficiarían al conjunto de la sociedad). Y otra más, un entorno político que busca satisfacciones rápidas y superficiales que anestesien cualquier movimiento que aspire a la mejora de la sociedad fuera de los cauces establecido por el poder. Uno de esos métodos es mantener indefinidamente a la gente joven en el sistema educativo, para retrasar lo máximo posible su incorporación a un mercado de trabajo insatisfactorio y que podría provocar crisis sociales.


Estoy confundido. ¿Qué me aconsejas, ser historiador o no?

Depende de nuevo. Es una decisión personal, y tener buena información es clave.

Si decides ser historiador debes saber que la salida profesional con mayor oferta laboral es la enseñanza. En ese sector tratarás con la Historia a diario, pero a un nivel inferior a que tratarías si fueses investigador, porque tu obligación es transmitir y no generar conocimiento. Si la pedagogía te atrae, pues adelante, pero si te atrae la investigación y lo que quieres es ganar dinero para vivir la educación te puede frustrar, aunque siempre dispondrás de tiempo libre para dedicarte a ello en plan amateur.

Si decides ser investigador hay que tener en cuenta que el mercado de trabajo te va a exigir muchísimo (obtener un doctorado, investigar y hacer publicaciones, probablemente ir a vivir al extranjero) sin garantías de que seas un candidato con posibilidades de ser elegido para un puesto de trabajo, ya que estos son escasos, suelen estar muy alejados físicamente de tu lugar de residencia, y las personas que toman las decisiones ponen por encima sus relaciones sociales o de poder antes que la valía profesional de la persona que se contratra. A cambio de tantas dificultades se obtiene un trabajo tremendamente satisfactorio, y con escasas responsabilidades sociales.

Luego está el camino de la historia-entretenimiento, y eso implica compaginarlo con una segunda profesión que habrá que aprender: literatura, mundo audiovisual, informática, periodismo, etc. Es también un camino satisfactorio, pero las ofertas de trabajo no salen como “historiador” sino como técnico en otras disciplinas.

Y finalmente está el camino “habilidades y capacidades”. Es decir, se abandona por completo el ejercicio de la historia-investigación, y se rescata lo que uno sabe hacer para aplicarla en una segunda profesión que habrá que aprender y dominar. Por ejemplo, se usa la capacidad de investigación para trabajar en consultoría, junto con el dominio de herramientas informáticas e idiomas. También es un paso duro porque significa abandonar una vocación (muchas veces con la sensación de haber perdido el tiempo), aprender (y ya con unos añitos) otra profesión, empezar de cero en otro mundo laboral, sufrir desprecio social por los años invertidos en haberse formado y ejercido como historiador (que no son reconocidos), y entrar en el mercado de trabajo actual que es cruel, ofrece malas carreras profesionales y con sueldos bajos a pesar de la alta capacitación de los trabajadores. La parte buena es que hay un mayor contacto con la sociedad y sus demandas (algo imposible en el mundo “entre algodones” de la investigación pública), y que hay una mayor oferta de empleo que con un simple título de “historiador”.

También está la parte emprendedora, que es que con los conocimientos combinados empresa-historia uno se plantee el romper moldes y reestructurar el funcionamiento de la empresa que le emplea o crear una empresa propia que utilicen las habilidades del historiador. Eso sería ideal para nuestra disciplina ya que aplicaríamos nuestras habilidades, estaríamos en contacto con las necesidades de nuestro mundo, ganaríamos valor ante la sociedad, crearíamos empleo y generaríamos nuevo conocimiento.

No hay un camino ni mejor ni peor. Lo único que está claro es que desarrollarse profesionalmente es muy duro y exige , además de trabajo, imaginación y probar por nuevos caminos. Además, como el mundo de la Historia no tiene una aplicación práctica evidente a primera vista, hay que apostar mucho esfuerzo y tiempo por ella para sacarle sus rendimientos sociales y económicos. El premio es la satisfacción. El precio, muchos sacrificios.

Por: Miguel Ángel López Trujillo. http://weblogs.madrimasd.org/historia/

HISTORIADORES GUARDIANES DEL PASADO

La historia es la ciencia que se encarga del pasado de la humanidad utilizando como método el propio de las ciencias sociales. La persona que se ocupa de esta disciplina es el historiador, profesión no muy conocida por la gente y que habitualmente ha estado muy vinculada con el ámbito docente. Aunque las cosas no han variado mucho en este ámbito, vamos a intentar explicarte qué otras salidas tiene esta carrera, para intentar acabar con el mito de que se una profesión sin futuro.

La formación complementaria, los idiomas, los cursos de postgrado van a determinar, en gran medida, las posibilidades de encontrar trabajo en uno u otro campo. ¿Qué sectores son los que más ofertas tienen para estos profesionales? Según la colección Elige tu futuro, de Círculo de Progreso, centros de enseñanza, editoriales, medios de comunicación, fundaciones culturales, archivos, bibliotecas, servicios de publicaciones, oficinas de información y turismo, museos, tiendas de antigüedades, casas de subasta, empresas de gestión de arte, direcciones de patrimonio artístico y organismos internacionales.

La enseñanza y la investigación son dos de los ámbitos en los que los licenciados en Historia no encontrarán problemas para emplearse. También tienen posibilidades en temas de excavaciones y estudios arqueológicos y como documentalistas. Según datos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), 1.465 alumnos están matriculados este curso académico en la carrera de Historia. De ellos, 771 son hombres y 694 mujeres. Esta tendencia no ha variado durante los últimos años, y las plazas que quedan libres cada año (unas 300) se cubren en su totalidad.

[ La inserción laboral ronda el 60% ]

El grado de inserción laboral de los licenciados en Historia es del 58,9 por ciento (seis de cada 10 están incorporados al mercado). Este dato se extrae del Estudio sobre la inserción laboral de los titulados en Historia realizado por el Consejo Social de la UCM. El resto sigue estudiando o preparando oposiciones y, en torno al cinco por ciento se encuentra en paro. Respecto al perfil del titulado en Historia, algo más de la mitad (54,5 por ciento) son mujeres, frente al 45,5 por ciento de varones. Su edad media se sitúa en 27,6 años. La mayoría de ellos finalizó sus estudios en el tiempo estimado (cinco años) y más de la mitad trabajaron mientras estudiaban.

Según el estudio, el tiempo dedicado a encontrar el primer empleo es de entre uno y seis meses para seis de cada 10 titulados. Sin embargo, sólo un tercio de los titulados cuenta con un contrato fijo, siendo mucho más habitual el temporal. Un 17 por ciento de los consultados realiza prácticas o es becario y un 1,4 por ciento trabajo sin tener contrato. Los sectores más habituales en los que trabajan son servicios (35,5 por ciento), docencia (13,5), telecomunicaciones (9,2) y la Administración Pública (7,1).

[ Los salarios ]

En el tema de la remuneración, el 17 por ciento de los licenciados cobra menos de 600 euros mensuales, el 42 recibe entre 601 y 900 euros, el 24,1 gana entre 901 y 1.200 euros y el 17 por ciento restante cobra más de 1.200 euros al mes. La formación adicional se revela como algo necesario para el 48,9 por ciento de los encuestados, mientras que un 51,1 por ciento no la han necesitado. Lo más solicitado: los cursos específicos del sector, la informática y otros como el CAP.

Para convertirte en historiador tendrás que superar, obligatoriamente, las asignaturas que conforman la carrera de Historia. Quienes se titulan en esta disciplina terminan su formación conociendo los principales acontecimientos y procesos de cambio y continuidad de la humanidad desde la prehistoria hasta el mundo actual, con especial atención a España, Europa y América Latina.

El estudiante adquirirá los métodos, técnicas e instrumentos de análisis del historiador para poder examinar de manera crítica todo tipo de fuentes y documentos históricos. Además, contará con la capacidad para comunicarse usando la terminología y las técnicas aceptadas en la profesión historiográfica. Igualmente podrá leer textos y documentos históricos en la propia lengua, así como transcribir, resumir y catalogar información de forma pertinente.

Una vez licenciado también debe saber utilizar, de forma correcta, los instrumentos de recopilación de información (catálogos bibliográficos, inventarios de archivo y bases de datos electrónicas), junto con las fuentes de información para la investigación histórica.

[ Las carreras relacionadas con la historia ]

Tres son las carreras que pueden estudiarse en relación con esta disciplina: Historia, Historia del Arte e Historia y Ciencias de la Música. La primera se centra en la evolución de la Humanidad, desde la antigüedad hasta el día de hoy, contemplándose cuatro edades diferentes: Antigua, Media, Moderna y Contemporánea. Como explican desde Círculo de Progreso en la colección Elige tu futuro, para llegar a un profundo conocimiento del pasado, los historiadores recurren al arte, las monedas, las obras literarias escritas, la tradición oral y todo cuanto pueda servir de fuente documental. En este sentido, los alumnos estudian materias como paleografía y numismática.Entre las asignaturas de esta carrera hay que hacer mención de la Historia antigua, contemporánea, medieval y moderna; la prehistoria; la arqueología; el mundo actual; la historia de América; los métodos y técnicas de investigación histórica; la paleografía y diplomática, epigrafía y numismática; o las tendencias historiográficas actuales.

La rama del arte

Esta carrera realiza un recorrido por las diferentes etapas artísticas y culturales de las civilizaciones humanas. Cuatro son las grandes áreas de conocimiento en las que se estructura: arte antiguo y medieval, arte moderno y contemporáneo, museología y musicología. El cine, la fotografía y, en general, todos los medios audiovisuales contemporáneos han entrado en el plan de estudios de la carrera, que también hace un hueco a la historia de la música. ¿Qué se aprende durante la carrera? No sólo se enseña a contemplar una obra y explicar su técnica. Hay que investigar su relación con los movimientos sociales, culturales y políticos de su época. Esta carrera proporciona una base cultural y humanística muy interesante que permite relacionar unos hechos históricos con otros a través del arte.

Algunas de las asignaturas que podemos destacar son teoría del arte, técnicas artísticas y conservación de bienes culturales, fuentes de la historia del arte, historia del cine, de la música o de las ideas estéticas.

Música

La tercera de las carreras es la que prepara a los futuros expertos en temas de música y técnicas de composición, edición y ejecución. Se trata de una modalidad de segundo ciclo (es decir, de dos años de duración) y en la que se abarca todo el patrimonio musical. Sus características concretas requieren que el alumno domine, por lo menos, un instrumento musical y que cuente con una buena base en teoría musical, armonía y contrapunto. Muchos de sus estudiantes han realizado estudios en el conservatorio.

[ Miguel Ángel Novillo un historiador español en Roma ]

«Quiero descubrir por qué sucedieron las cosas»

Miguel Ángel Novillo López ha dejado su domicilio habitual en Madrid y, desde hace varias semanas, reside en Roma, cuna de algunos de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo. Precisamente ésto es lo que le ha llevado a la Ciudad Eterna. O esa ha sido una de las razones.

En 2004 obtuvo su licenciatura en Historia y, unos meses después, inició su tesis doctoral y consiguió una beca predoctoral del Departamento de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid. Una de sus ventajas es una estancia en Roma de dos meses y medio para participar en proyectos de investigación. Y en ello está ahora. Actualmente me dedico a la labor investigadora, afirma. «Dentro de unos años, cuando se acabe la beca de la que disfruto, ya veremos. Tengo pensado leer la tesis en un par de años y después solicitar una beca postdoctoral con el fin de estar adscrito durante dos años a un centro extranjero».

«La decisión de elegir está profesión fue puramente vocacional en el caso de Miguel Ángel. Desde hace mucho tiempo tengo gran interés por el estudio de las grandes civilizaciones de la antigüedad, concretamente la romana (tema de mi investigación) y la arqueología en general. Lo que me mueve es descubrir, de manera objetiva, cómo y por qué sucedieron las cosas».

Este joven estudiante afirma que la Historia es una herramienta muy útil para comprender nuestras raíces y entender el día a día en su gran variedad de sentidos. «Ayudar a que otros comprendan la Historia no tiene precio, y más cuando alguien te lo agradece».

Su paso por la Universidad le ha dejado un buen sabor de boca, al convertirse en el lugar donde descubrió qué era, cómo y en qué consistía la Historia, así como ciertos capítulos de nuestro pasado. «Conoces la profesión en su gran variedad de campos, desde el investigador al docente, y tienes la oportunidad de conocer a los grandes especialistas de la materia».

Aunque él ha tenido suerte desde que ha finalizado sus estudios, afirma que encontrar trabajo en este campo es difícil. «Las oposiciones a Secundaria salen cada dos años y las plazas son muy escasas. Y dedicarse a la investigación es complicado porque también hay pocas becas».

No obstante señala varias salidas profesionales que están al alcance de estos titulados: enseñanza, investigación, arqueología, museos, conservador, anticuario, bibliotecas, archivos, escritor, colaborador en prensa, fundaciones sociales, asesor histórico, cronista local, etc. Existen organismos, como el COIE o el Colegio de Doctores y Licenciados en Geografía e Historia que cuenta con agencias de colocación, sostiene.

Paciencia, ganas, vocación, sacrificio, iniciativa, hambre de conocimiento, no quedarse quieto... son algunos de los consejos que ofrece este estudiante a todos aquéllos que quieran dedicarse a esta profesión. De cara al futuro, Miguel Ángel espera, simplemente, poder ejercer como historiador. Dedicarme a la investigación y a la docencia, es decir, poder afirmar que trabajo en lo que me gusta.

Tomado de:

http://mercadodetrabajo.laboris.net/static/ca_oportunidades_historia.aspx